La diputada provincial de Santa Fe y candidata a convencional constituyente Amalia Granata quedó en el ojo de la tormenta al admitir que su marido, Leonardo Squarzon, es su asesor en la Cámara de Diputados de la provincia. “No me da el cuerpo para ir a todas las reuniones”, admitió la postulante filo libertaria.
Amalia Granata en offside
Granata se vio envuelto en una polémica no menor porque tener a su marido de asesor no se condice con su relato anti casta política. Es moneda corriente en sus discursos la crítica a cualquier dirigente, sobre todo oficialista, que “acomode” o tenga familiares y amigos entre sus filas.
“No me da el cuerpo para ir a todas las reuniones, a todos los lugares y va él, me filtra un montón de situaciones y me cuida”, arrancó Granata en canal 13 de Buenos Aires, en un programa de chimentos, formato al que suele visitar en diversas señales.
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“No dejó su trabajo privado, pero también lo tengo conmigo medio tiempo”, añadió la legisladora. Letra P reveló en septiembre del año pasado que la mediática disponía de Squarzon como una suerte de armador político precoz en la provincia, pero se desconocía por entonces que lo tenía oficializado con asesor.
Acorralada por periodistas, Granata tuvo que admitir que su marido cobra por el trabajo y es parte del elenco de cinco asesores con el que cuenta en la cámara baja santafesina.
La campaña de Granata en Santa Fe
Granata, a la vez, eligió un tono de campaña fangoso, con golpes bajos al oficialismo, sobre todo al gobernador Maximiliano Pullaro, para ganar en adhesiones. En las primeras encuestas, su performance no es de las mejores y no supera el 10 por cientos en los informes de consultoras.
La candidata compite y comparte electorado con La Libertad Avanza, que postula al diputado Nicolás Mayoraz, excompañero de bloque de la mediática, aunque actual enemigo. Quien gane en el mano a mano, escalará en la disputa por el voto libertario en Santa Fe.