12|5|2022

Al cabo, es la inflación, Alberto: ¿desde lejos no se ve?

12 de mayo de 2022

12 de mayo de 2022

El tour europeo devino tribuna premium para "el debate" por el modelo. Mientras tanto, aquí, en Buenos Aires, el INDEC suelta otra bomba. ¿Y las inversiones?

Mientras el presidente Alberto Fernández constata que su gira europea arroja más resultados en términos de relaciones públicas que de anuncios concretos y la convierte –¿de modo inevitable o polémico?– en una tribuna premium para la pelea por el plan económico con Cristina Kirchner, el INDEC se dispone, este jueves, a anunciar otro índice de inflación para el espanto. Las palabras vuelan como flechas, pero lo que alimenta en verdad la pelea eterna es la evolución de los precios, eje de la disputa por el modelo.

 

La mayoría de las consultoras privadas proyectó para abril un guarismo algo menor o algo mayor que el 6%. Aunque, de concretarse esos pronósticos, eso representaría un alivio frente al 6,7% de marzo, no podrá ocultarse que la suba de los precios sigue y seguirá siendo –por lo pronto, con números similares esperados este mes– el principal problema de la economía argentina, uno que trae aparejado un deterioro constante de los ingresos de la población y, con ello, el peligro de un amesetamiento del consumo, principal motor de la actividad económica. Si Fernández y el acosado Martín Guzmán –polemista designado por el Presidente para la disputa de narrativas– basan su resistencia en un crecimiento que se extiende tras el rebote de 2021 y en una mejora clara del empleo, la persistencia de la inflación en estos niveles podría pronto ponerle techo a la tendencia.

 

Como se esperaba, la cosecha de inversiones no es digna de mayor versión. En la escala española, la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca, apenas pudo mencionar una de la firma GGTech Entertainment que volcará a la Argentina ocho millones de euros hasta 2024 y generará 150 puestos de trabajo para el desarrollo de videojuegos y software. Una corriente inversora como la que sería deseable requiere, como condición, una mínima normalización de la macro, una tendencia perceptible de la inflación a la baja, el fin de la guerra de Todos contra Todos y, especialmente, alguna alternativa que excluya a las nuevas colocaciones de las restricciones del cepo cambiario. Esa forma de control de capitales –inevitable para un país que apenas si tiene dólares suficientes para hacer frente a sus importaciones inmediatas, los que no alcanzarían para pagar deudas si estas no hubiesen sido refinanciadas– es más eficaz para impedir que las divisas entren al país que para evitar que salgan. La solución de fondo a la "restricción externa" deberá esperar.

 

Así, por ahora, tanto con Pedro Sánchez como con Olaf Scholz y este viernes con Emmanuel Macron, lo que abunda son definiciones sobre gas, petróleo, energías renovables, litio, tecnología… Todo en términos generales, claro.

 

Si Guzmán cumple, el plan en estudio para fomentar las inversiones en la extracción, transporte e industrialización del gas de Vaca Muerta podría constituir un modelo para otros sectores, pero todo, incluso eso, tarda demasiado en un gobierno que no se distingue por resolver problemas obvios de un modo expeditivo.

 

No puede saberse si el mandatario quería referirse a la interna permanente desde lejos o si tenía la esperanza de sustraerse de ella con su viaje autogenerado. Como sea, el resultado es que se refirió una y otra vez a la pelea con su vice disconforme:

 

No deja de ser llamativo que Fernández haya convertido su gira en un foro para la exposición de la puja ideológica que divide al Frente de Todos. En tiempos normales, eso sería considerado poco elegante porque, como se sabe, los trapos sucios se lavan en casa y, si Cristina disparó aquí, aquí debería darse la réplica. Sin embargo, era inevitable que, al exponerse ante la prensa europea, –RTVE, El País, Deutsche Welle…–, buena parte de las preguntas tuviera que ver con la interna oficial, demasiado feroz incluso para países parlamentarios –semiparlamentario, en el caso de Francia– acostumbrados a ser gobernados por coaliciones heterogéneas y muchas veces ruidosas.

 

Si Argentina necesita inversiones externas porque con las domésticas no le alcanza para hacerse de dólares y convertir el rebote en crecimiento –y este en desarrollo–, es inevitable que en el exterior se reflexione sobre el destino de cualquier colocación en un país que cambia las reglas de juego ya no cuando se modifica el signo político que gobierna sino que puede hacerlo dentro de un mismo ciclo. ¿Qué pasaría –es la duda– si Fernández cediera y aceptara una mayor injerencia de Cristina en el manejo del Gobierno?

 

Hay que admitir que el interrogante no es caprichoso.